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Teatro onanista

Pablo Alcaraz Opinió dilluns, 14 de novembre de 2016

El programa se llamaba “El semáforo” y se emitía en TVE. Lo dirigía Narciso Ibáñez Serrador y lo presentaban Jordi Estadella y Marlene Morreau.

Era una especie de Talent show donde cualquier hijo de vecino, de dudosa capacidad artística, actuaba ante un público que ejercía de jurado y que intervenía como tal con aplausos o cacerolada.

La propuesta es convertir El Congreso en un gran plató y retomar la mecánica del concurso con sus señorías como participantes.

Sería una buena manera de no llevarnos a engaño y tomar a la Cámara Baja por lo que se ha convertido y en esta Legislatura acentuará aún más: una función de teatro continua con actores de dudosa categoría.

Las sesiones se emitirían en prime time. Familia y amigos quedarían para reunirse alrededor de la televisión y poder comentar que Pablo Iglesias está esta noche un pelín sobreactuado o que Mariano Rajoy no está, que es su habitual manera de estar.

El PSOE haciendo ejercicios de improvisación con cambios constantes de concursantes, Albert Rivera colando, el mayor número de veces que pueda, las palabras “Venezuela”, “Dinamarca” y “Adolfo Suárez” en sus monólogos y Gabriel Rufián, con la cara enharinada y aspecto de circunstancias, cantando el aria Vesti la giubba (Vesti la giubba, e la faccia infarina. La gente paga, e rider vuole qua).

Habría pruebas recurrentes como el juego de “verdad o atrevimiento” y muchas de las actuaciones vendrían dadas por un “no hay huevos”, que por todos es conocido como el mejor estimulante. Es más, hoy en día, muchos de los discursos o de los gestos protagonizados por los parlamentarios deben venir precedidos por alguna fórmula similar:

- “Pablo, no tienes pelotas a besar a un diputado en mitad del hemiciclo”.

- “¿A quién?”.

- “Al Domènech mismo, que es rubio y catalán”.

- “¿Qué nos jugamos?”

- “Un ron cola”.

Y así, señores, es como se hace Historia.

Y como no sólo de teatro vive el diputado, otra de las prácticas habituales será (ya lo es) el onanismo: subir a la tribuna de oradores y llevar a cabo un ejercicio de auto estimulación. Poner a tono a los del partido, a los convencidos. Lo de intentar persuadir a los del bando contrario o a los que dudan es muy cansado e implica un mayor ejercicio intelectual para el que no estamos preparados.

Así que se paga doble a quién consiga proferir más insultos a los de la bancada contraria y levantar más aplausos entre los suyos.

Sólo de esta manera se puede presentar de una manera saludable y entretenida la nueva Legislatura que tenemos por delante. Como un espectáculo televisivo con artistas invitados, juegos, ovaciones y broncas. Y a falta de vaquillas que embistan, Rafael Hernando.

Y chupitos y risas. Muchas risas. Porque si un día de estos nos ponemos serios y analíticos y nos paramos a observar el panorama, de la depresión no nos va a salvar nadie.


Pablo Alcaraz
Pablo AlcarazPeriodista d'Onda Cero TGN
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