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Més que un club

Pablo Alcaraz Opinió divendres, 07 d'abril de 2017

La idea era hacer ruta por la Garrotxa, el Empordà,… ya saben, ese “Triángulo de las Bermudas” donde tendría que ser obligatorio perderse cada cierto tiempo. La zona que Josep Pla definía como “Un país d’arrauxats, de tabalots, d’hereus-escampa, d’enfollits”. El centro de operaciones lo situamos en Madremanya y el objetivo era ponernos estupendos y homenajear al Pla que detestaba el turismo de camping, chancleta y autobús. Con ese propósito partimos. Acabamos perdidos en una carretera comarcal entre vacas y, en mi caso, subido a un tractor y abrazando la causa de un equipo de fútbol (otro más que añadir a mis favoritos): Unió Esportiva Porqueres.

El día empezó en Sant Martí Vell, pueblo encantador de unos 200 habitantes y un gato, que fue el único que salió a nuestro encuentro. Seguimos por Riudellots de la Creu, Banyoles, Besalú, Castellfollit de la Roca, donde acabamos comiendo un bikini y unas pseudo patatas de Olot que ya nos estaban señalando que lo de ponerse estupendo no iba a poder ser. Llegamos hasta la capital de la Garrotxa, cruzamos la Zona Volcánica, tuvimos algún problema en la Fageda d’en Jordà (empezaba a oscurecer, móvil sin batería y no sabíamos salir de allí) y decidimos que hasta aquí. Que nos volvíamos al hotel donde nos tenían preparados unos ravioli de pera y crema gorgonzola, tan típicos de la zona.

Cogimos la carretera GI-524 (eso lo supe después), esperando encontrar algún cartel indicativo, algún lugareño,… alguien o algo que nos marcara cuál era el camino hasta Madremanya.

Y cuando yo estaba pensando en el tipo de queso que le va mejor a los raviolis y en su maridaje, una voz a mi lado sugiere que paremos en la cuneta: “Aquí hay unas vaquitas. Vamos a hacer una foto”. Y efectivamente, al lado de la carretera había unas vacas pastando, tranquilas, en su mundo, y dos guiris dejando el coche a un lado y sacando la cámara para hacerles unas fotos.

Pasada la fiebre por las vacas y el campo, nos dispusimos a coger el coche de nuevo. Contacto, marcha atrás y… el coche pierde el equilibrio y se tambalea. Pasaron dos segundos, eternos, sin saber qué estaba pasando, hasta que abrimos la puerta y nos dimos cuenta del desnivel existente al lado de la cuneta. Una de las ruedas bailaba sobre el vacío y amenazaba con hacernos caer a un campo de cultivo.

Bajamos del coche como pudimos mientras las vacas nos miraban alucinadas de hasta dónde puede llegar la idiotez de los de ciudad. Nos encontrábamos perdidos en una carretera secundaria y desértica de vaya usted a saber dónde, entre Olot i Madremanya, con vacas a un lado y un coche, amenazando de volcar, al otro.

Pasaron unos minutos, entre pensar alguna solución y maldecir a los animales y a las fotos, hasta que observé que al final de un caminito se veía una especie de granja. Les voy a resumir la escena en que había un señor alimentando unos cerdos y que al acabar la faena apareció con un tractor, al que me invitó a subir (que sólo me faltó sentarme en su falda), y hacia el coche que nos fuimos dispuestos a remolcarlo.

Pero si se piensan que lo logramos, se equivocan. No había manera de sacar el vehículo del desnivel. Y cuando ya estábamos a punto de rendirnos y pedir ayuda de algún cuerpo de élite, aparecen dos coches. Frenan a nuestro lado y se bajan del coche unos chavales con un chándal rojo y el escudo de la Unió Esportiva Porqueres. Más que un club, una ONG. Nos preguntaron si necesitábamos ayuda y nunca el acento gironí me pareció más hermoso. Venían de jugar un partido y entre ellos, el del tractor y servidor conseguimos levantar el coche y empujarlo hasta el arcén.

Llegamos al hotel, cenamos los ravioli y de postre Gin-tonic para pasar el mal trago. Antes de ir a dormir me interesé por el equipo y, así, me enteré de que jugaban en Tercera Catalana, en el grupo 17. Obviamente me he convertido en seguidor y, ahora, les puedo informar que el fin de semana pasado perdimos con el FC Sant Privat, que vamos terceros a 5 puntos del líder y que el objetivo es acabar segundos y jugar la promoción de ascenso.

De las vacas, nunca más se supo.


Pablo Alcaraz
Pablo AlcarazPeriodista d'Onda Cero TGN
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