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Patrimonio para la Humanidad

Cesar Pociña Opinió divendres, 01 de desembre de 2017

Tal día como hoy, un conjunto arqueológico de primera magnitud alrededor de la ciudad romana de Tarraco y formado por restos arqueológicos en las poblaciones de Altafulla, Constantí, Roda de Barà y Tarragona, fue reconocido por la UNESCO incluyéndolo en su lista de monumentos Patrimonio de la Humanidad. Mucho ha llovido desde entonces, muchas cosas han cambiado. Unas para mejor, otras sin embargo para peor.

La declaración de Patrimonio no supuso, como muchos auguraban, una lluvia de inversiones caidas desde el cielo como un maná. Se trata de un reconocimiento que implica una mayor responsabilidad pero no está dotado con una partida presupuestaria del organismo que la concede. Es, salvando las distancias, como la concesión de una estrella por la guia Michelin. El restaurante que la recibe no cobra por ello, pero tiene el inmenso prestigio y gancho turístico de poseerla, pero a cambio tiene que trabajar duro para mantenerla. Afortunadamente, resulta mucho más complicado perder el título de Patrimonio de la Humanidad, que el de la estrella Michelin.

La pregunta que cabría hacerse ahora es si seguimos mereciendo pertenecer a esta lista. No es, desde luego, una pregunta fácil de contestar. Los méritos estrictamente arqueológicos del conjunto estan fuera de toda duda. Tarraco y sus alrededores conservan vestigios de todos los edificios emblemáticos de una civitas romana, con un grado de conservación notable. El problema viene cuando empezamos a ver cómo se han gestionado estos monumentos.

La gestión de los monumentos tiene muchos frentes: estudio, conservación, musealización, etc. El objetivo final de la gestión debe ser la de poner a disposición de la gente un bien cultural sin que ello interfiera con su adecuada conservación, garantizando su sostenibilidad.

Centrémonos en el núcleo del conjunto: Tarraco. La ciudad de Tarragona gestiona su patrimonio a través de diversas instituciones y administraciones: Ayuntamiento de Tarragona, Museo Nacional Arqueológico de Tarragona, Generalitat de Tarragona, Arzobispado de Tarragona, etc... Esto sigue auspiciando una diversidad de criterios que no siempre son coincidentes, restando agilidad a la toma de decisiones y sin una unidad de actuación que tan buenos resultados ha dado en ciudades como Mérida.

Desde la declaración, el conjunto de vestigios arqueológicos no ha dejado de crecer. El boom urbanístico de principios de siglo XXI motivó la realización de innumerables intervenciones arqueológicas de urgencia que pusieron al descubierto elementos nuevos. Algunos de una gran importancia y espectacularidad, como la fuente de los Leones de la calle Pere Martell o las Termas de Sant Miquel. Ambas son conjuntos arquitectónicos de primer orden, siendo la fuente de los leones la única fuente helenística en portíco conservada en todo el occidente romano. Ambas permanecen desde su hallazgo sepultadas bajo toneladas de gravilla, como numerosos hallazgos más que fueron estudiados pero jamás han sido musealizados.

Tarragona no ha sabido aprovechar el potencial de estos nuevos hallazgos. También se han realizado grandes avances en el conocimiento de la parte pública de Tarraco, con diversas intervenciones que han permitido ubicar un gran templo bajo la Catedral de Tarragona, así como los hallazgos asociados al recinto de dicho templo tanto en edificios alrededor de la catedral como los más recientes del Museo Bíblico.

Respecto a los monumentos que ya existían en el momento de la declaración, el panorama es algo más favorable pero dista mucho de cumplir los mínimos exigibles. Se ha trabajado mucho en este periodo en la musealización de los monumentos, y así los monumentos administrados por el Ayuntamiento han incorporado un sistema de información al visitante consistente en plafones indicativos y audioguias a través de telefonía inteligente. También el estudio de los datos existentes permitió la elaboración de una maqueta reconstructiva de la ciudad de Tarraco.

Además, la colaboración con una iniciativa privada de la empresa Imageen permitió la elaboración de reconstrucciones tridimensionales y realidad virtual de buena parte de la ciudad. Desgraciadamente, el mantenimiento del sistema de información al visitante no ha sido el deseable, y no se han repuesto varios paneles informativos deteriorados. Pero el problema más preocupante en la musealización es la gestión del personal que vigila los recintos.

En este caso, el panorama es mucho peor que hace unos años. El personal de los recintos tiene a su cargo el control de accesos y la vigilancia de los mismos, siendo una pieza esencial en la puesta en valor de los monumentos y en su conservación. La plantilla que vigila los recintos administrados por el Ayuntamiento está formada por funcionarios de plantilla y funcionarios interinos. Administra cinco recintos romanos, Circo, Pretorio, Anfiteatro, Foro y Murallas y dos casas nobiliarias musealizadas: Canals y Castellarnau. De unas 80 personas que formaban parte ha ido descendiendo hasta una veintena de personas, reforzadas de tanto en tanto con funcionarios interinos que entran con cuentagotas por un par de meses y cuyo número no llega nunca a unos mínimos exigibles para garantizar un servicio adecuado ni la conservación del monumento.

Así, es habitual que en monumentos de gran extensión como la muralla, o de varios pisos como circo o pretorio sólo haya un vigilante por turno, siendo imposible de tal manera una vigilancia adecuada. La política de contratación del personal de Museos está más cerca de la de una ETT que la que sería exigible a un ayuntamiento, más aún uno progresista.

Respecto a la conservación de los monumentos, se han realizado diversas intervenciones no exentas de polémica. En las muralla se han reforzado tramos en serio peligro de desprendimiento o que incluso se habían desplomado. El acueducto se ha restaurado y reforzado y muestra un aspecto estupendo, aunque sea difícil acceder a él mediante transporte público. En el circo se han realizado excavaciones e intervenciones de musealización que permiten que la gente entienda mejor el monumento, en la zona de carrer Enrajolat o en la llamada cabecera del circo.

Actualmente se está realizando una intervención en la plaza Sedassos consistente en la integración de un sistema de gradas nuevo sobre los restos de las bóvedas antiguas, con pilares de ladrillo moderno visto y asientos de madera. Desde mi punto de vista, fuera completamente de lugar, muy agresivo visualmente con el monumento e inaceptable con la legislación en la mano. En el anfiteatro se han realizado intervenciones de consolidación, en las gradas y en la zona de la basílica Paleocristiana, pero la presencia inquietante de grietas en las gradas y fachada piden a gritos una intervención urgente de mayor entidad. Respecto al teatro, se han realizado unas mínimas intervenciones arqueológicas y luego se ha procedido a perpretar la colocación de una grada metálica ocultando en gran parte la percepción de la estructura original. Una solución polémica y completamente desafortunada, además de ilegal según la legislación vigente en patrimonio.

No se ha intervenido apenas, sin embargo, en ambos foros a excepción de una intervención arqueológica en el llamado Foro Local. Se ha desaprovechado sin dar practicamente explicaciones el proyecto de musealizar el llamado foro Provincial. El centro de interpretación de dicho foro estaba proyectado en ca l'Agapito pero no se ha llegado a construir. Por desgracia además se ha cerrado al público la bóveda del Pallol, donde antes se ubicaba la maqueta romana, un espacio de innegable interés arquitectónico.

Tras años cerrada al público, se ha reabierto la Necrópolis Paleocristiana, siendo ahora más entendible la superposición con una villa y calle altoimperiales. También se ha reforzado la musealización de las villas romanas dels Munts en Altafulla y de la Llosa en Cambrils.

Paradójicamente, donde más y mejor se ha trabajado es en la proyección turística de la ciudad. Allí han ayudado mucho actividades como Tarraco Viva o la realización de numerosos spots publicitarios o documentales rodados en nuestra ciudad. La llegada de los cruceros o la continua subida en el número de turistas indican que Tarragona ha dejado de ser conocida sólo por sus playas o Port Aventura.

Paradójicamente digo, porque esta gente que viene atraída por la oferta cultural patrimonial no quiere llegar a esta ciudad y no poder entrar en el Circo porque no hay personal para abrirlo. Quieren poder visitar las casas Canals o Castelarnau que han leído en guías turísticas y estan cerradas al público. Quieren ver los restos de un puerto romano sobre el que se construye un teatro, no un amasijo de hierros. Quieren visitar la fuente de los leones por la que sigue saliendo agua tras dos mil años pero que está sepultada por toneladas de gravilla debajo de un edificio. No lo estamos haciendo bien, no se puede explotar un recurso sin invertir en mejorarlo constantemente por muy bueno que sea.

Ser patrimonio de la humanidad significa eso. Unos bienes culturales de todos/as, al acceso de todos/as y que puedan seguir siendo de todos/as durante mucho tiempo.


Cesar Pociña
Cesar PociñaArqueòleg
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