loader
menu

Sant Jordi desde un humilde palpitar

Rafa J. Martínez Opinió divendres, 18 d'abril de 2014

Fue un 23 de abril, subía a un tren que me llevaría a la ciudad condal, a las Ramblas, al epicentro. Ni siquiera llevaba conmigo algo tan fundamental para un escritor como una estilográfica, sobretodo el día en que mi novela se exponía ante la mirada de miles de personas. Error de bulto, sí, fruto sin duda de los nervios que me acompañaron ese día. ¿Con qué iba a dedicar mis ejemplares a aquellos lectores que tuvieran a bien hacerse con uno?

Disculpen la demora. No es fácil cambiar pañales y enfrentarse al resto de avatares que se presentan en la vida de uno; pese a todo no me olvido del Circ. Quisiera compartir las sensaciones que vive un autor ante la llegada de un día tan extraordinario como el 23 de abril. Enseguida estoy con ustedes. Con el perdón por delante no les hago esperar más. Por cierto, la joven regresó a media tarde y me pidió que se lo envolviera, confundiéndome con uno de los dependientes e ignorando que era yo mismo el autor. Se había dedicado a buscar el libro que mereciera su atención, como si se tratase de un tesoro, y aquél que se llevaba había sido el que más le había gustado tras horas mirando y remirando por ahí. Fue lo único que dijo. Ella no lo supo, pero me endulzó el resto del día.

Subsanada la incidencia al tomar prestado un bolígrafo de una oficina de la Caixa (ahora que pienso, no lo devolví) me personé junto a otros autores, estos sí, de renombre, en el tenderete que ponía a mi disposición la editorial.

Créanme que mi corazón se hallaba al galope desde el primer momento; fue salir de Paseo de Gracia y ver el gentío, la riada de personas que transitaba arriba y abajo las calles de Barcelona y sentir que formaba parte de aquello, que sumaba con mi minúsculo grano de arena, aunque fuera tan sólo gracias a una primera novela que por muy pública que sea aún la considero muy íntima.

El carácter festivo que, sin serlo de forma oficial, le ha otorgado la ciudadanía a la Diada de Sant Jordi, la hace distinta y se hace obligado callejear y curiosear por los estands que se exponen al público. No les mentiré cuando les digo que sentí cierta frustración y desencanto al ver que el best seller de un día tan cultural como aquél fue para una ¿presentadora? de televisión que cruzó su vida con la de un torero.

Personajes de este calado son los que tienen audiencia, está asumido, como también está asumido que eran los únicos en cuyos estands se formaron largas colas con el fin de conseguir su firma (tal vez esa firma fuese lo único auténtico de un texto supuestamente escrito por estos famosillos faranduleros). Es lo que hay, lo sé.

Sin embargo también aquel día hubo detalles que hicieron que valieran su tiempo en oro las incontables horas dedicadas a escribir Háblame Luna (sí, así se llama la criatura). Recuerdo cómo me estrujaba los sesos reescribiendo fragmentos mientras procuraba no dejar cabos sueltos, tratando de no coartar demasiado la libertad de los personajes que pugnaban por tener vida propia. Lo recuerdo como una experiencia maravillosa, sí.

Al igual que recuerdo, cómo olvidar, a la madre y a su hija que se presentaron en la parada para comprar un ejemplar de la novela. Habían venido a Barcelona expresamente desde les Borges Blanques (provincia de Lleida, sí, han leído bien, provincia de Lleida) para que les escribiera una dedicatoria.

La hija lo había leído tras adquirirlo en una linda librería de Cambrils y le había hablado del libro a su madre. Ambas se fueron con su Háblame Luna dedicado, sin descubrir el asombro que me provocaron.

Y cómo definir a la joven que por la mañana se detuvo largo rato ante la portada sin decir ni una palabra. Imagínense la curiosidad con la que este humilde contador de historias la observaba, esperando un gesto, una mueca, algo... Nada. Se dedicó a ojear páginas al azar, tal vez estuvo un par de minutos de pie, leyendo fragmentos sueltos.

Pueden creerme que un par de minutos de un lector silencioso ante un libro, y más con el desconocido autor delante, es notar la incertidumbre a flor de piel. Sólo una fugaz mirada al resto de tomos que se esparcían sobre de la mesa antes de desaparecer sin más.

Así fue, desapareció sin más, dejándome con la miel en los labios.


Rafa J. Martínez
Rafa J. MartínezEscriptor i jurista
circdetarragona_AD
circdetarragona_AD

Comentaris

circdetarragona
Anterior
Següent
Per tal de poder millorar els nostres serveis utilitzem cookies de tercers. Si continua navegant considerarem que accepta la seva utilització. Més informació aquí. Tancar