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Tarraco Viva, pasado y presente

Cesar Pociña Opinió dimecres, 13 de maig de 2015

Un año más, por estas fechas tiene lugar en la ciudad el festival Tarraco Viva. Este año coincide de lleno con la campaña electoral, motivo por el cual está doblemente de actualidad al formar parte de programas electorales y reivindicaciones. Afortunadamente para los fervientes defensores de este festival, como yo, todos los grandes grupos políticos defienden la continuidad del evento.

Ya pasaron los tiempos en que Tarraco Viva peligró, fruto de la falta de fondos municipales por la crisis económica global y por el endeudamiento provocado por proyectos "inteligentes" como el párking de Jaume I.

Afortunadamente, y desoyendo las frías recomendaciones de los economistas, Ballesteros apostó firmemente por el proyecto y éste se ha ido consolidando hasta la situación actual: el año pasado la dotación económica fue la mayor de la historia.
Si tuvieramos que guiarnos, cómo se suele hacer, sólo por los datos macroeconómicos estaríamos hablando de un gran éxito del proyecto.

El objetivo de estas líneas es desmontar esta imagen triunfalista que se nos vende, muy en la línea también de los escritores latinos dados a halagar a sus gobernantes. Si la dotación presupuestaria es la correcta y la voluntad política también lo es, ¿que pasa con el festival en sí? Pasemos a analizarlo desde nuestra perspectiva no sólo de arqueólogo sino también de reconstructor histórico y participante en las jornadas desde sus inicios.

Tarraco Viva nació como festival de reconstrucción histórica con el objetivo de acercar al gran público los monumentos de la ciudad y las investigaciones arqueológicas, así como hacer un escaparate de Tarraco hacia el exterior, cara a su proyección turística. La ciudad durante el festival se engalanaba de carteles y todos sus monumentos emblemáticos ofrecían espectáculos de reconstrucción histórica gratuitos con los grupos de la ciudad y con los mejores grupos de reconstrucción de Europa.

La ciudad colaboraba con este proyecto y estaba implicada mediante los grupos de reconstrucción propios, o con iniciativas como la realización de reportajes y concursos fotográficos por parte de la agrupación fotográfica de Tarragona o la semana gastronómica romana. El Camp de Mart, verdadero núcleo neurálgico del festival, hervía de gente en las representaciones que allí se hacían y en los stands de museos y artesanos.

Progresivamente, todo ese modelo inicial se relevó exitoso con una afluencia de público inédita en otros festivales. Para un hipotético mejor aprovechamiento se fueron introduciendo cambios, que nos llevan a la imagen actual del eventol, muy alejada de la que he explicado antes. Realizando un paseo por la parte alta me sobran dedos de una mano para poder contar los carteles que anuncien el evento.

En el festival del año pasado, en el Camp de Mart se veía poca actividad a excepción de la feria de museos y artesanos y alguna representación aislada. El núcleo se ha desplazado al Palau de Congresos, en torno a una fotocopia tridimensional tamaño real de un monumento ajeno a la ciudad y casi todas las actividades son de pago.

Los grandes grupos europeos han dejado de venir, y cada vez más las explicaciones científicas de antaño se sustituyen por monólogos o diálogos teatrales de un par de actores caracterizados de romanos. Los fotografos voluntarios de la agrupación han sido vetados y substituidos por profesionales contratados por el festival.

Por si fuera poco, los participantes cobran tarde y menos que antes, y se anunció recientemente una situación económica deficitaria. Un panorama que a nuestro entender se corrspondería más con un recorte presupuestario y no con el anunciado presupuesto mayor de la historia.

Tarraco Viva ha perdido completamente su identidad y su implicación con la ciudad y ahora es cómo esas actrices nonagenarias que se creen veinteañeras por la costumbre de haber escuchado piropos toda su vida.

Con estas palabras me gustaría mover a la reflexión y a los grupos políticos, quienquiera que salga ganador en las futuras elecciones, a recuperar el espíritu original de este acontecimiento cultural y a la vez lúdico propio de nuestra querida ciudad.


Cesar Pociña
Cesar PociñaArqueòleg
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