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Carta a un amigo

Pablo Alcaraz Opinió divendres, 23 de febrer de 2018

Joan, no te voy a engañar. Aquí nos hemos quedado jodidos. Hacía tiempo que no escribía nada y tú me estás obligando a hacerlo. Esta semana ya son varios los esquemas que me rompes. He hecho un programa con guion y he temido, en algún momento, que se me rompiera la voz en directo. Llevo unos días que solo tiro de tópicos: tu juventud, muchos kilómetros por delante, mil planes por hacer, lo injusta que ha sido la vida los últimos meses,… Y de ahí no salgo. Me planteo muchos “Y si…” que ya no tienen sentido y me quedo en silencio intentando focalizar imágenes, momentos vividos,… y no lo logro. Se me agolpan muchos y no consigo ordenarlos.

Nuestros desayunos diarios en “La Pepita”, veinte minutos donde lo mismo arreglábamos el mundo que montábamos algún especial de radio, subíamos al Nàstic a Primera o hablábamos del próximo viaje. Un partido de pádel, donde te tirabas a por la bola cuando el punto ya había acabado.

Nuestros últimos momentos juntos delante del micrófono, en junio del año pasado. La promesa que a mi vuelta de Japón y a tu regreso de Perú nos pasaríamos informes detallados para intercambiar destinos. Tu mensaje desde un hospital de Lima diciéndome que habían encontrado algo que no tenía buena pinta y a partir de ahí el puñetazo. El nudo en el estómago que no se va.

Releo algunos mensajes, de los cientos, de estos últimos meses y me sigue alucinando tu entereza, tu serenidad, que te preocuparas por un estúpido esguince que me había hecho, que afirmaras que la doctora que te había operado se llamaba como mi mujer y eso te traería suerte. La foto con Mar, rapadora en mano, y dispuesto a homenajear a Pantani. Mi respuesta diciendo que no te acercaras a mi chica, que los calvos le parecían sexis y tus risas.

La primera vez que nos vimos después de las sesiones iniciales de quimioterapia te reñí, advirtiéndote que no me volvieras a hacer esto, que no me gustaba desayunar solo y me respondiste que no me preocupara, que en poco tiempo volvíamos a los bocadillos de fuet y a los cafés con leche.

Me dijiste que lo único que pedías es que te dieran la opción de pelear y lo has peleado. Has dado una lección de cómo se suben las rampas del Tourmalet pese a todos los pesares. Y entre etapa y etapa has sabido disfrutar del paisaje, con momentos malos, algunos que no quisiste compartir con nadie porque no querías que los de tu alrededor sufrieran, pero degustando pequeños placeres como una charla con los amigos, en una terraza, donde nadie hablaba del cáncer y todo era como antes. Un paseo por la playa, un buen libro (te estabas convirtiendo en un experto) o una serie a la que engancharse.

El miércoles hicimos un programa especial rescatando algunos de tus momentos en Onda Cero. Como cantaste el gol de Barreiro que certificaba la permanencia del Nàstic en Segunda, las secciones con Bernat López para hablar de historias ciclistas, como siempre os pasabais del tiempo asignado y uno de los instantes que más gozaste: La tertulia con Melcior Mauri, Claudio Chiappucci y tu idolatrado Miguel Indurain. Recuerdo tu propuesta de montar esa tertulia y como a los pocos días me comentaste, desilusionado, que el plan se había torcido y que, al parecer, no podrías tener la charla con el navarro. Te dije que ese “No” era inaceptable y que te lo montaras como fuera para hablar con él. Que solo aceptaba la negativa si era el propio Indurain quien había rechazado el encuentro y que contactaras con Miguel, directamente. Que hicieras lo necesario para conseguir su número. Acabé con un “Si tienes que pegar un puñetazo en la mesa, pégalo. Enseña los dientes”. Me miraste, sonreíste y me dijiste “El problema es que yo no soy así”. Y ahí se acabó el debate porque esa era (me cuesta horrores utilizar el pasado) una de tus virtudes. La bondad personificada.

Con tus maneras exquisitas conseguiste el teléfono de tu ídolo (eskerrik asko Saralegui) y en un minuto se había arreglado todo. Cogimos los micros y nos fuimos a Cambrils a charlar de las curvas d’Alpe d’Huez y de Val Louron.

Te cuento un secreto. Mar me avisó que tus amigos estaban montando un vídeo para tu cumpleaños. Un conjunto de grabaciones de diferentes personas mandándote un saludo, una felicitación (ánimos no, porque eras tú el que animabas al resto). Me propuse volver a contactar con Indurain para que enviara algún mensaje y meterlo en el montaje. No llegué a tiempo.

Estoy acabando la carta y suena “Valiente” de Vetusta Morla. No descarto que sea alguna coña tuya, planificada allá donde estés. Solo te digo que no te preocupes, que aquí vamos a cuidar a Juan, Merche, Lorena, Mar,… a todos los tuyos, que también son nuestros.


Pablo Alcaraz
Pablo AlcarazPeriodista d'Onda Cero TGN
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