loader
menu
circdetarragona_AD
circdetarragona_AD
circdetarragona_AD

Los Juegos del Mediterráneo, o el mar desde la meseta

Jesús Monllaó Opinió dissabte, 03 de març de 2018

El teléfono vibra: agazapado tras un largo número de centralita, un periodista me pregunta sobre el programa cultural de los XVIII Juegos Mediterráneos. Detecto una pincelada de sorna en su voz. Declino contestar: no tengo más información que el reciente desmarque de la concejala de cultura en cuanto a su organización y la improvisación que me consta sobrevuela el asunto.

Después de leerlo en la página oficial, tengo claro que el programa cultural de los juegos no es más que una maniobra para maquear una operación político-inmobiliaria diseñada en la época del sobre y la plusvalía que, a pesar de su rediseño post-crisis, arrastra aún sus narices parcialmente metidas en el fango. Lo que más me revienta es que traten de usar el frágil manto de la cultura para cubrir la podredumbre.

La cultura es mucho más que saberse de memoria el segundo monólogo de Segismundo, que me enseñaron a hostias en un colegio de curas. La cultura también puede –y debería en el caso de los Juegos– ser un revulsivo necesario. En estos tiempos de fragua neo-imperial “Les (sic) diferents corrents del Mar Mediterrani” debieran proporcionarnos las claves del pasado, presente y futuro de los pueblos que lo circundan, reflexiones sobre el destino y desatino de Tarragona, que una vez más se mira el ombligo e inhibe de sus responsabilidades para con pueblos hermanos en un contexto global.

Las “corrientes” nos traen producciones del Festival de Teatro Clásico de Mérida, un Ulises feminista para despistar un poco y una programación especial de Tarraco Viva, promoción descarada de nuestra añorada y casposa potencia imperial; todo muy marmóreo, muy clásico y muy cervantino… una celebración en toda regla de nuestra grandeza, construida sobre la pequeñez de esos otros pueblos que los romanos se encargaron de colonizar. Y para disimular, lo complementaremos con una versión postmoderna de los Coros y Danzas y la apropiación del imaginario popular de Tarragona, todo ello “encabezado” -nunca mejor dicho- por una mascota megalocéfala coronada con el símbolo opresor por excelencia para muchos de los países a los que pretendemos agasajar, un casco militar romano. El resto, relleno metido con calzador.

Que conste que no tengo NADA en contra de ninguna las manifestaciones culturales arriba mencionadas per se. Celebro cada una de las iniciativas y no puedo más que admirar a sus creadores. Pero su aglomeración y concurrencia temática en el contexto de los Juegos me parece un ejercicio arrabalero-supremacista de un gusto discutible además de un calculado ejercicio de control del riesgo: no hay el más mínimo cuestionamiento de lo que somos y del papel que debemos desempeñar en relación a otros pueblos del arco mediterráneo, sino un avasallador ejercicio de autoafirmación nacional.

A mi me gusta construir y por eso creo que la idea de “els corrents” es buena. Pero si en lugar de por un equipo de directores generales y de márquetin hubiera sido pensado por un equipo de artistas, intelectuales y activistas por la paz, Tarragona habría podido ser por una vez, con el permiso de Barcelona, de Madrid y de Berlín, la capital del Mediterráneo, atrayendo el foco no sobre las piedras muertas de su anfiteatro, sino sobre el ágora viva de pensamiento creada para la ocasión (y de paso les enseñamos el patrimonio). Pero para eso hace falta mucho coraje político, grandes dosis de empatía y menos arrogancia.

Una “corriente” podría haber sido intentar mediar entre Israel y Palestina (que son países mediterráneos) para que participaran en los juegos, un gesto de distensión entre ambas naciones que quién sabe a dónde podría llevarnos. Podríamos haber debatido también la resistencia del gobierno español a reconocer los pasaportes de los deportistas kosovares. ¿Imposible? ¡Pero si hasta la temible y nuclear Corea del Norte y la democrática del Sur han conseguido limar asperezas con la excusa de la celebración de los Juegos Olímpicos de Pyeongchang!

Otra “corriente” habría podido ser dialogar de manera abierta e informada sobre la morgue monumental en la que se está convirtiendo el mar que compartimos, haber planificado algún gesto en relación a la diáspora siria, visibilizar a las gentes que cruzan las aguas desde Libia y otros países africanos para llegar a la Tierra Prometida, para ayudar a comprender que globalización significa también migración.

Una tercera “corriente” habría podido ser agasajar a todos nuestros invitados pidiéndoles que nos mostraran su realidad en diálogo sincero con la nuestra. Estoy seguro de que algunas de esas naciones habrían proporcionado recursos para llenar la Tabacalera, el Banco de España y otros espacios de Tarragona con pinceladas de su realidad. Pero no, en lugar de transformar Tarragona en la Capital Mediterránea de la Paz, los múltiples puntos de vista y la información, la mantendremos Villa-Ignorancia, porque así se vive más tranquilo. Eso sí, haremos mucho márquetin y venderemos mucho merchandaisin.

Todas estas “corrientes” habrían concebido a su vez más corrientes, que en sinergia habrían removido aguas turbias y dejado una semilla de entendimiento para futuras generaciones (y quizás convertido Tarragona en un símbolo internacional de diálogo). En lugar de eso, el ansia pueril de pregonar nuestra gloria pretérita al mundo, añadido a un obsoleto enfoque mercantilista, han hecho que la Tarraco Imperial se apropie del espacio mediterráneo una vez más. Hemos perdido otra oportunidad de oro para superar un pasado que nos acompleja, poder mirar hacia adelante y dejar de ser –de una vez– una comunidad encerrada en sí misma.

Hace siglos que no somos referente de nada. En un 2018 especialmente convulso, podríamos habernos convertido en una voz a favor de la concordia entre los pueblos, pero no hemos sabido, querido, o tenido el valor de hacerlo. O no nos han dejado. O todo junto. Sea como fuere, vamos tres o cuatro años tarde. No hay margen de maniobra.

El Mediterráneo se muestra irreconocible en el programa cultural de los Juegos. Tengo la impresión de que la imagen que se ha escogido para mostrarlo al mundo es la perspectiva que se otea desde la meseta.


Jesús Monllaó
Jesús MonllaóDirector de cinema
circdetarragona_AD
circdetarragona_AD

Comentaris

circdetarragona
Anterior
Següent
Per tal de poder millorar els nostres serveis utilitzem cookies de tercers. Si continua navegant considerarem que accepta la seva utilització. Més informació aquí. Tancar