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OPINIÓ

Grietas en el Anfiteatro

Cesar Pociña Opinió dissabte, 07 d'abril de 2018

El Ayuntamiento ha anunciado que las grietas detectadas en el Anfiteatro han crecido y por tanto decidirán actuar de urgencia. Ante el devenir de los acontecimientos y por cómo se estan sucediendo las declaraciones, he decidido que debo exponer públicamente los hechos que conozco de primera mano, al haber sido trabajador de este recinto en el puesto de funcionario interino y con funciones de subalterno vigilante.

Para una mayor agilidad, y para poder incluir las fotografías donde se apreciaba cómo se había ensanchado la grieta, decidí enviar un mail al arqueólogo municipal incluyendo las fotos. Al día siguiente recibí la amonestación oral por parte del encargado de subalternos en aquel momento, que literalmente me dijo "admiro tu amor por las piedras, pero a partir de ahora dedícate sólo a hacer tu trabajo"

Al poco tiempo de empezar a trabajar en el Anfiteatro, en el verano de 2016, me dí cuenta de la presencia de grietas de diversa consideración en varios sitios del Anfiteatro. Concretamente, en la gradería de la media cavea a la derecha de la porta Triumphalis, en la fachada de la misma puerta, y en ambas esquinas de los podia con el acceso a la arena. Éstas últimas fueron las que más me llamaron la atención, ya que agrietaban completamente varios sillares de estas esquinas. Extrañado por esto, informé oralmente a varios/as técnicos/as del Museu d'Història de Tarragona (MHT) en visitas rutinarias, a lo cual me respondieron que ya eran conscientes de su existencia y que el Anfiteatro presentaba problemas de estabilidad que se estaban estudiando. Sabiendo que los técnicos competentes en la materia estaban informados/as de este hecho, mi responsabilidad laboral acababa ahí.

Estat de l'esquerda l'estiu de 2016. Foto: César Pociña

Estat de l'esquerda el maig de 2017. Foto: César Pociña

Estat de l'esquerda actualment. Foto: circdetarragona.com

En la siguiente primavera de 2017, durante una ronda de vigilancia rutinaria aprecié que se había desprendido un fragmento de sillar de reducidas dimensiones de la fachada de la porta Triumphalis. Realizé un parte escrito reglamentario, que fue tramitado y motivó una visita de la arqueóloga municipal. Dedujimos que posiblemente se debería a algún turista que habría trepado por la fachada produciendo el desprendimiento. No obstante, por prudencia decidí hacer un seguimiento de la zona. Fue en ese momento cuando al comparar fotos que yo había efectuado de esa zona en el verano de 2016 con el estado en ese momento, aprecié que una de las grietas de uno de los pilares de sillares de la fachada se había ensanchado considerablemente. No puedo ofrecer los datos exactos porque no dispongo de mediciones, pero estimo que al menos 10 cm. (FOTOS).

Alarmado por esto, presenté un nuevo parte por escrito al Ayuntamiento. El proceso de presentar un parte consiste en rellenar un formulario escrito, y hacerlo llegar a las oficinas centrales. Para una mayor agilidad, y para poder incluir las fotografías donde se apreciaba cómo se había ensanchado la grieta, decidí enviar un mail al arqueólogo municipal incluyendo las fotos. Al día siguiente recibí la amonestación oral por parte del encargado de subalternos en aquel momento, que literalmente me dijo "admiro tu amor por las piedras, pero a partir de ahora dedícate sólo a hacer tu trabajo". Ante tal afirmación, le recordé respetuosamente que las funciones del subalterno del MHT incluían avisar de cualquier desperfecto o deterioro en los recintos.

Un par de días después uno de los responsables de mantenimiento visitó la zona, y durante la visita me reconoció que toda esa zona, incluyendo la grieta que ahora ha motivado la alarma, se encontraba muy degradada y que uno de los motivos eran las raíces de las hiedras que hay en la zona pero que no le daban permiso para utilizar herbicida.

Poco tiempo después, procedieron a cambiarme de recinto, trasladándome a vigilar la muralla. No es un hecho extraordinario que los subalternos vayan rotando de lugar de trabajo, pero dado que hasta ese momento prácticamente había estado vigilando el Anfiteatro, cabe pensar que el motivo era para que no presentase más partes. También cabe apuntar que no soy el único que durante este tiempo ha presentado partes sobre las diversas grietas en el Anfiteatro.

Parte de las grietas, las situadas en la gradería, fueron maquilladas este verano pasado por personal del Plan de ocupación. Uno de los operarios, con amplísima experiencia en trabajos de arqueología avisó que lo que estaban haciendo no tenía sentido, a lo cual también se le contestó de que se dedicara a callar y obedecer.

Por tanto, puedo asegurar que el Ayuntamiento conocía la existencia de grietas estructurales por lo menos desde el 2016, y de que las grietas se ensanchaban rápidamente por lo menos desde mayo del 2017. Esto es muchos meses antes de febrero de este año en el que se anunciaron públicamente, y casi un año antes de que se haya decidido actuar "de urgencia". Sobran más palabras.

Ni tengo los conocimientos de arquitectura para hacerlo ni creo que deba valorar la magnitud de las grietas. Sí que puedo decir que se podía haber actuado al menos mínimamente procediendo a la eliminación de la vegetación de la zona, en especial las hiedras. La raíz de la hiedra se introduce en las grietas y con el crecimiento de la planta actua como verdaderas barrenas. Respecto a la grieta de los sillares se podía haber detenido su avance apuntalándolo provisionalmente, que es lo que creo que se piensa hacer.

La restauración del Anfiteatro fue efectuada prácticamente inventándose buena parte de la gradería (todo el sector que hasta ahora estaba abierto al público). En vez de repartir el peso mediante el sistema romano de bóvedas de hormigón inclinadas, se procedió a hacer cajas de obra rellenas de tierra, con lo cual el peso es mucho mayor y peor repartido. A esto hay que sumar que la calidad de los morteros es mediocre, posiblemente estando ya fuera de su vida útil con lo cual se degradarán rápidamente. La solución a esta degradación se presenta por tanto muy problemática. Esperamos que se haya llegado a tiempo y tomémonos esto como un toque de atención. El Anfiteatro de Tarraco es posiblemente el icono patrimonial de la ciudad, y lo que en él está pasando es un recordatorio de que nuestro patrimonio histórico necesita un mantenimiento y una atención, que no le estamos dando. Sólo recogiendo los frutos en forma de turismo y sin cuidarlo, estamos matando a la gallina de los huevos de oro.


Cesar Pociña
Cesar PociñaArqueòleg
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