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OPINIÓ

Cuando las barbas del vecino veas pelar...

Cesar Pociña Opinió diumenge, 29 de juliol de 2018

Esta mañana leyendo la prensa me llamó la atención un reportaje sobre el conflicto laboral que tienen los/as trabajadores de Museos en la vecina Barcelona. Una ciudad que en su momento cayó en la tentación de externalizar gran parte de la gestión de dichos museos, con las habituales promesas de mejora de servicio o de abaratar costes de gestión.

Las privatizaciones de servicios públicos en el sector son frecuentemente camufladas bajo el nombre de "externalización" o "gestión compartida", etc; nombres que resultan políticamente más correctos y que no hacen tanto daño al oído del votante, sobre todo si éste es "de izquierdas". Cómo en Barcelona llevan varios años usando esta fórmula, podemos saber lo que significan realmente. La primera gran beneficiaria de estas políticas son las empresas privadas, y de esta manera han florecido grandes empresas especializadas en el sector, con suculentos beneficios anuales. Las empresas cobran no sólo por las entradas vendidas, sino unas cantidades al firmarse el servicio, que tiene una duración limitada según contrato. Acabada esta duración, si la empresa es sustituida, cesan en su puesto de trabajo el personal de dicha empresa.

Para "optimizar" la ganancia empresarial, dichas empresas aplican para su plantilla unas condiciones laborales deleznables, con un salario medio de unos cinco euros la hora para puestos laborales muchas veces con niveles de estudios medios o superiores. Se suelen usar contratos de fin de obra y servicios para puestos fijos, y no se suelen pagar las horas extras, exigiéndose además una disponibilidad absoluta a la hora de cubrir extras en fines de semana, etc. Bajo la consabida consigna actual de "mas vale eso que nada", los/as trabajadores hasta hace poco aceptaban las condiciones, pero ahora en todo el pais se suceden las movilizaciones.

Por suerte, aquí en Tarragona aún no se ha llegado a esto, aunque los gestores de patrimonio lo defienden como solución a la nefasta gestión actual, en gran parte debida a la inexistencia de una plantilla lo suficientemente amplia como para poder cubrir los puestos de trabajo que forman parte de los recintos de la ciudad, que son Circo/Pretorio, Anfiteatro, Murallas, Foro Local, Casa Castellarnau y Casa Canals. Asumiendo que los horarios de abertura implican la necesidad de dos turnos y con un mínimo de dos personas por recinto (muy por debajo de lo deseable), necesitaríamos una treintena de personas.

Actualmente los funcionarios de carrera y los interinos "estables" suponen 19 personas, que son complementadas con un número variable de interinos con contratos sucesivos temporales. Paradojicamente, además, el incremento en el número de visitas por factores como la presencia en la ciudad de los cruceros, no han supuesto un crecimiento de la plantilla. Más bien se ha producido un paulatino descenso motivado por causas como cambios de departamento y jubilaciones. Estamos muy alejados de la setentena de trabajadores de la época en que se abrieron al público las casas nobles, poco después de la consecución del título de Patrimonio de la Humanidad y siendo regidora de patrimonio Maria Mercé Martorell.

Este panorama de plantilla muy por debajo de un mínimo razonable es el que ha motivado cierres inesperados temporales de monumentos, o el cierre al público de las casas Canals y Castellarnau, subsanado hace poco parcialmente. Hasta hace poco, con leyes que prohibían la ampliación de las plantillas municipales, poco se podía hacer. Pero derogadas estas leyes, en Marzo de 2017 el Ajuntament anunció que sacaría a oferta numerosas plazas de funcionariado, cosa que aún no se ha producido. En todo caso las plazas existen, y se trataría tan sólo de cubrirlas interinamente hasta la celebración de las oposiciones.

Sin embargo, hasta ahora, la postura del Ajuntament era la de la privatización. Perdón, quise decir, "externalización"... Asi a finales del año pasado, la concejal de Patrimonio Cultural Begoña Floria declaraba a la prensa: «La idea es externalizar algunos aspectos porque está claro que no podemos seguir con el modelo actual, pero sin apartar a la administración».

Choca, y mucho, ver a personas que pertenecen a un partido socialista defender esta solución, toda vez que encargarle a alguien de fuera que haga un trabajo implica reconocer que no se tiene la capacidad interna de resolverlo. La solución no es privatizar, sino gestionar bien, y eso supone un esfuerzo económico, una modernización de la gestión, optimizar los recursos humanos y las instalaciones. La privatización es un error: si no, véanse fracasados ejemplos en nuestra querida ciudad como las guarderias o el servicio de informadores turísticos, cuyas privatizaciones han supuesto un fracaso que se ha tenido que subsanar a posteriori con "remunicipalizaciones", no exentas de polémicas.

La externalización se vende bajo el argumento de una mayor eficiencia que se ha demostrado que es falsa. Gran parte del dinero invertido no acaba revirtiendo en la prestación del servicio sino en el beneficio de la empresa, encarecido además por impuestos como el IVA. Y, como se ha demostrado antes, afecta muy gravemente a las condiciones laborales del personal. El coste de un servicio siempre debe ponerse en relación con la calidad del servicio obtenido, y queda sobradamente demostrado que con una externalización de un servicio público el resultado es que éste sale más caro, no sólo económicamente, sino también a nivel social.

Por suerte, estamos a tiempo de rectificar, porque cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.


Cesar Pociña
Cesar PociñaArqueòleg
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